Etty Hillesum

Mujeres Geniales - Otras

Etty Hillesum nació en Holanda en 1914. Por su condición de judía murió en Auschwitz en 1943, antes de los treinta años. Graduada en Derecho, en sus dos últimos años de vida plasmó por escrito sus reflexiones sobre la vida interior: «Cuando tenemos vida interior, seguramente importa poco de qué lado de las rejas de un campo estemos».


 Etty Hillesum, el amor a la vida y a toda la humanidad

«La única solución, la única de verdad, es que todos nosotros nos volvamos sobre nosotros mismos y eliminemos todo lo que creemos que debemos eliminar en los demás. No creo que podamos corregir nada del mundo exterior que no hayamos corregido antes en nosotros» (Etty Hillesum).

                                          

Etty Hillesum, judía nacida en Holanda (Middelburg, 15 de enero de 1914) y muerta en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943, fue una extraordinaria mujer que no llegó a cumplir los treinta, y que dedicó gran parte de sus dos últimos años de vida a escribir un diario íntimo en el que volcó la trayectoria de su propia transformación interior, sus avanzadas ideas sobre la emancipación de la mujer y su deseo de conocer el alma humana, en medio del horror de la Segunda Guerra Mundial y la persecución implacable a los judíos.

Hija de Louis Hillesum, doctor en Lenguas Clásicas, y de Rebeca Bernstein, emigrante rusa, ambos pertenecientes a la burguesía judía de Ámsterdam, Etty aúna una elevada espiritualidad, en contacto directo con lo divino que percibía en su interior y, al mismo tiempo, una cálida presencia vitalista y carnal que trata de explicarse a sí misma a través de un lenguaje íntimo y profundo confiado a su diario. Amaba la vida y sabía verle el sentido a todo lo que ocurría a su alrededor, por muy negativo que pareciera. «No hay que cerrar los ojos ante nada, hay que enfrentarse a esta terrible época, intentar encontrar una respuesta para todas las preguntas sobre la vida y la muerte, y tal vez encuentre la respuesta a algunas de estas cuestiones no solo para mí misma, sino también para otras personas. Al fin y al cabo, vivo. Debo afrontarlo todo y tampoco debo huir de mí misma. (…) Tengo que tirar por la borda una gran cantidad de pereza y, sobre todo, de inhibición e inseguridad, para poder encontrarme a mí misma y ayudar a los demás».

Estudia Derecho en la Facultad de Ámsterdam, donde se gradúa, a la vez que aprende alemán, francés y ruso, su idioma materno, el cual le sirvió para sobrevivir en tiempos de escasez dando clases privadas. En 1939 obtiene un máster de Derecho Público y se interesa también por la psicología, lo que le lleva a conocer a Julius Spier, un discípulo de Jung que, según sus palabras, llegó a ser su mejor amigo, su amante y «el partero de su alma».

Inicia entonces un diario que despierta en ella su vocación literaria, aunque siempre le había gustado escribir. Quería encontrar las palabras adecuadas para explicarse a sí misma la vida, lo cual consideraba muy difícil, pero tenía la sensación de que, haciéndolo así, sus reflexiones podrían ser útiles para otras personas en el futuro. «Por eso tengo que analizarlo todo», decía. «Yo soy una insignificante mujer de veintisiete años y también llevo muy dentro de mí el amor por toda la humanidad, pero a pesar de ello me pregunto si no voy a estar siempre en busca de un solo hombre. A veces me cuestiono si esto no es una restricción, una limitación femenina, y hasta qué punto es una tradición milenaria de la que tendríamos que liberarnos. (…) Tal vez por eso haya habido tan pocas mujeres en el campo de la ciencia y del arte, porque la mujer siempre busca a ese único hombre en el que cobijar toda su sabiduría, su calor humano, su amor y su fuerza creativa, buscando al hombre y no a la humanidad». Piensa Etty que si las mujeres quieren de verdad emanciparse, tienen que superar esta forma limitada de amor. «Este problema de la mujer no es tan simple. (…) Es demasiado difícil para mí escribir todo lo que quiero decir, es infinitamente complicado, pero es algo esencial y es importante que lo descubra. (…) Estamos atadas y ancladas a tradiciones milenarias, aún le queda a la mujer una gran tarea por hacer».

Cuando Etty conoce a Julius Spier, un judío berlinés de cincuenta y cinco años, divorciado y con dos hijos, la vida de nuestra protagonista cambia por completo. Emigrado a Ámsterdam, Spier es un psicoquirólogo experto, al que Jung animó a convertir la psicoquirología en su profesión. Un hombre poco común, muy atractivo y dotado de una «personalidad mágica» para explorar a fondo la vida de las personas a través de las líneas de sus manos. Es a partir de entonces cuando Etty empieza a escribir su diario, seducida por la fuerte personalidad de Spier y sus enseñanzas. La joven confía al papel los sentimientos amorosos que la inundan desde lo más profundo de su corazón y empieza a autoanalizarse observando cada detalle de su propia personalidad, explorando su visión del mundo, el ambiente y las personas que la rodean. El diario le sirve además como terreno de pruebas para su actividad literaria. «Algún día seré escritora», decía, y la verdad es que no le faltaban cualidades para ello.

Spier no solo la atrae, sino que también la influencia profundamente, hasta tal punto que confiesa estar dispuesta a casarse con él cuando corren rumores de su deportación, para seguirle a los campos de concentración de Polonia y morir a su lado. Bajo su influencia comienza un trabajo de introspección sumergiéndose en sí misma y descubriendo toda la riqueza de su tesoro interior. Spier le ha enseñado que siempre debe ser fiel a su ser más profundo, y ella aspira a ser autosuficiente y encontrar dentro de sí los criterios para evaluar sus actos. Lo más importante para ella es su recinto más íntimo, en el que muy a menudo se refugia. Y ahí encuentra a Dios, su dios interno con el que entabla una relación profunda, tratando de descubrir los misterios de la vida y renunciando deliberadamente a reacciones políticas e incluso a toda acción que la sitúe en el trasiego del mundo exterior. Solo aspira a una reacción de tipo moral que consiste en su propia transformación interna y en ayudar individualmente a los más desgraciados y perseguidos.

Para Etty, Dios no es una creencia ni un concepto teológico, su dios está libre de las connotaciones seculares del judaísmo y del cristianismo, es una realidad que habita en su interior y que llena plenamente su mundo espiritual: «En la parte más profunda y más rica de mí, donde yo me recojo y descanso, encuentro a Dios». Con él conversa tomándolo como confidente en sus oraciones y experimentando una inmensa gratitud que abarca todo lo que la vida le ha dado y los personajes que ha puesto en su camino: Rilke (su autor preferido), Jung, Dostoievski, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, los grandes autores de la Biblia, Spier…

El 29 de junio de 1942 anota en su diario un comunicado de la radio británica: 700.000 judíos han sido ya exterminados por los nazis. «Se pretende nuestro completo exterminio. Esta nueva certeza la acepto… Pero una certeza adquirida no debe ser debilitada por otra propia: trabajo y vivo con la misma convicción y encuentro la vida llena de sentido a pesar de todo…». Poco antes había obtenido un puesto de trabajo en el Consejo Judío de Ámsterdam, una especie de antecámara del infierno, donde se trataban los problemas de la deportación de los judíos y su comunidad, con la que se siente cada vez más solidaria. Se niega a aceptar condiciones de privilegio y pide su asignación al campo de tránsito de Westerbork para estar más cerca de los suyos. Una vez allí, asume plenamente el destino de la población judía que cae sobre ella, y desempeña el papel de trabajadora social, psicóloga y consejera espiritual, ayudando a todos. Los que pudieron estar a su lado y sobrevivir al horror hablan con admiración de su personalidad luminosa y su entrega sin límites. Etty ha decidido que «ya no debe dejarse guiar por los estímulos del mundo exterior, sino por la urgencia interior». Sabe que el desequilibrio entre las dos fuentes posibles de una acción o de un juicio es tal, que afirma: «Cuando tenemos vida interior, seguramente importa poco de qué lado de las rejas de un campo estemos (…) Tengo fuerza interior y con eso me basta, lo demás no tiene importancia».

Su deseo de escribir no disminuyó nunca: «Me gustaría superarlo todo con el lenguaje, describiendo fielmente estos dos meses detrás de una alambrada de púas, los más intensos y ricos de mi vida, que me otorgaron la confirmación manifiesta de los profundos valores que alberga mi alma. (…) Aprendí verdaderamente a amar en Westerbork. (…) Ojalá pueda ser el corazón pensante de esta barraca. (…) Quisiera ser un bálsamo y derramarlo sobre tantas heridas». Estas son las últimas palabras que se conservan de su valioso diario.

En 1986 se presentaron al mundo los escritos que habían aparecido de Etty Hillesum y algunas de sus cartas. Lo que sus textos revelan, además de un gran talento literario, es la evolución rápida y conmovedora, a través de un gran esfuerzo de voluntad y una elevada espiritualidad, de una mujer joven que pasa de una vida normal a vivir una experiencia intensa y rica en todos los sentidos. Su lectura es un ejemplo que nos hace reflexionar profundamente sobre el amor universal, la compasión hacia todas las criaturas y la prevalencia real y eterna de la fuerza del espíritu sobre la materia.

Bibliografía

Tzvetan Todorov. Insumisos. Ed. Galaxia Gutenberg, 2016.

Diario de Etty Hillesum. Una vida conmocionada. Ed. Anthropos, 2007.